Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que buscan la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Cómo vivir las Bienaventuranzas
Las Bienaventuranzas abren el Sermón de la Montaña y describen la felicidad según el Reino de Dios. No elogian la miseria o la persecución en sí mismas: anuncian que Dios está cerca de quienes sufren y llaman a sus discípulos a ser misericordiosos, limpios de corazón, constructores de paz y personas comprometidas con la justicia.
Elige una bienaventuranza para la semana. Examina tus decisiones a su luz y conviértela en una acción concreta: consolar, compartir, perdonar, defender a alguien o pacificar un conflicto.
