Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!
Qué contempla el Salmo 8
El salmista contempla el cielo y se pregunta por qué Dios se ocupa del ser humano. La respuesta no alimenta el orgullo: la dignidad recibida implica responsabilidad sobre la creación. El dominio mencionado en el salmo debe entenderse como cuidado y administración, no como permiso para destruir.
Reza este salmo al contemplar la naturaleza o cuando necesites recordar tu dignidad. Termina con una acción de gratitud y cuidado: reducir un desperdicio, proteger un lugar, tratar con respeto a otra persona o reconocer el trabajo de alguien.
